miércoles, 23 de diciembre de 2009

La Calidad como valor de Competitividad

Todo el mundo sabe lo que es la Calidad, aunque seguramente, si nos preguntaran por una definición concreta de Calidad, no sabríamos muy bien definirla. De hecho, hay muchas definiciones, dependiendo del organismo o de los autores. A mí la que más me gusta es una que es muy simple y que en realidad no define nada en concreto, pero que a la vez lo dice todo. "En negocios y empresas, hay sólo una definición de calidad: la del cliente".

Seguramente sabríamos todos definir qué es un producto de calidad. Pero ¿qué engloba toda esta simple definición de la Calidad?

Normalmente asociamos la Calidad con determinadas marcas o empresas. Instintivamente las buscamos cuando hacemos la cesta de la compra en el supermercado. En definitiva, buscamos la calidad conforme a unas especificaciones o requisitos de calidad (por ejemplo en alimentación buscamos productos que nos satisfacen en relación conforme al sabor, olor, tacto, color, presentación...)

También buscamos aquellas tiendas o puestos de venta donde sabemos que se comercializan productos de calidad de forma continua, la carnicería tal, la pescadería cual... Este concepto de Calidad no se refiere sólo al producto en sí, sino también a otros factores como la confianza y el trato con el vendedor, la costumbre y cercanía, la comodidad, la rapidez en el servicio... Es una calidad conforme a unas expectativas de satisfacción del cliente.

Otro factor por supuesto, es el precio. Normalmente buscamos la Calidad como valor en relación al precio. A igualdad de precios, elegimos el producto que consideramos de mejor calidad.

El último factor que engloba esta definición de Calidad es el valor de la Excelencia. Si un producto o marca es reconocida en el mercado como excelente, tiene una ventaja con el resto de sus competidores, de manera que el cliente la ve como un caballo ganador, un valor fijo por el que apostar, o en este caso, consumir (o presumir). ¿Acaso hay alguien al que no le guste el Jamón de Trevélez?. ¿Quién rechazaría un regalo de un vino gran reserva o una botella de aceite virgen extra ecológico?.

Lo mejor de este último factor es que no tiene que limitarse a productos famosos o de "de gama alta", por así decirlo. Cualquier empresario puede dar los pasos para convertir sus productos en productos de calidad, teniendo como objetivo la excelencia empresarial. Hay que invertir en ello, por las ventajas que se obtienen en un mercado cada vez más competitivo en estos momentos de crisis financiera global. La mejor forma de ser competitivos es satisfacer al cliente en estos 4 factores que definen la Calidad: Especificaciones y requisitos de calidad (Normativas ISO, ISF, OHSAS...) Precio Razonable con la calidad, Excelencia empresarial (certificaciones en las normativas citadas anteriormente) y todo ello enfocado a la Satisfacción del cliente.

¿Cómo combinar todo esto?, utilizando las herramientas adecuadas que son los Sistemas de Autocontrol (ISO 22000:2005) como pueden ser los Planes de Higiene, Trazabilidad, APPCC, y mediante un Sistema de Gestión Integral de la Calidad (ISO 9001:2008), y un Sistema de Gestión Medioambiental (ISO 14001:2004) en aquellos casos en que sea aplicable.

Habrá quien piense que ésto sólo puede ser aplicable a las grandes empresas. Todo lo contrario, las PYMES pueden (algunas por ley ya deben) incluirlas de forma factible, atendiendo a su mercado y conforme a sus características empresariales. De hecho, pueden usarse como un factor de competitividad frente a otras PYMES similares que no apuesten por la Calidad, e incluso utilizarse para aumentar su cuota de mercado. No olvidemos que la Calidad está enfocada a un sólo objetivo, LA SATISFACCIÓN DEL CLIENTE Y SU FIDELIZACIÓN.

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